sábado, 8 de junio de 2013

LA SONRISA ANTES QUE LAS BRAGAS.

 Un día leí una entrevista de Eduard Punset al doctor Richard Wiseman en la que éste decía:

      En la vida cotidiana, cuando nos sentimos felices, sonreímos, pero lo opuesto también es cierto, y hay muchos estudios que lo demuestran. Cuando te obligas a sonreír, eso te anima, te hace sentir más feliz. Eso sí, hay que mantener la sonrisa en la cara durante unos 10 a 15 segundos, mantenerla ahí, y hay muchas maneras de hacerlo: puedes forzar una sonrisa…O bien puedes sostener un bolígrafo entre los dientes para que la cara adopte la posición de sonrisa. Los estudios demuestran que te hará sentir mucho mejor. Es una idea muy simple, pero muy poderosa.
   
           Desde aquella lectura breve pero reveladora, he adoptado esta práctica y profundizado en los mares de la risa y de la alegría hasta convertirme en una militante convencida.

          Estamos inmersos en la vorágine del día a día sin pararnos ni un poco a mirar con el corazón el lado bello y bueno de la vida. Los mass media nos bombardean con negatividad constantemente y es fácil sumirse en la contemplación de la pura queja, caer profundamente en el abismo de "lo mal que está todo", en la militancia de sofá y en la desidia o, en el peor de los casos, en el puro catastrofismo.
        
         El ser humano está dotado de recursos para la alegría pero tendemos a pensar que el optimismo en tiempos difíciles es una especie de actitud ilusa e irresponsable y ,en mi opinión, es una idea equivocada. Os pondré un ejemplo:

  Cuentan que en la II Guerra Mundial en Londres, algunos comerciantes ponían un cartel en la puerta de su tienda que decía "Open as usual" (abierto como de costumbre) para mantener la "normalidad" en las calles de la ciudad a pesar de los bombardeos.
Un lunes, un librero llegó a abrir su librería y apenas quedaba en pie una pared... Los bombardeos de la noche le habían destrozado su negocio y su medio de subsistencia.


El librero cambió el cartel y escribió "MORE open than usual" (Más abierto que de costumbre).




        No es lo que nos pasa, es cómo nos tomamos aquello que nos pasa y qué hacemos con ello.

        Convertirse en militante del optimismo es una manera de dejar de lado la actitud del "pobre de mi", que a mi entender es paralizante y autocomplaciente, y participar en cambio de una resistencia activa y rebelde. Mantener el optimismo es abrirse a que las cosas sucedan, es más, es generar tales círculos de alegría a tu alrededor que avanzar es el único camino posible. Porque la alegría es contagiosa , nos llena de endorfinas, dopaminas y otras inas que irremediablemente nos llenan de energías.

          Si nos paramos a pensar un momento en cómo gestionamos nuestro tiempo cada día, nos daremos cuenta de que nos limitamos a dejarnos arrastrar por el come-tiempos, priorizando de manera equivocada. Otorgamos preferencia a cuestiones absurdas sin permitirnos ni unos minutos para las cosas verdaderamente importantes que son las que en realidad nos recargan.  Pero cambiar este chip en nosotros no es en absoluto complicado. Basta con recordar ( re- cordare),  volver a pasar por el corazón... prestar atención al latido de la Vida  y , en base a ello, establecer nuestras prioridades. Como en aquella lección del maestro con el bote de café:





        "Presten atención a las cosas cruciales para su felicidad: jueguen con sus hijos, dense tiempo para atenderse a si mismos, salgan con su pareja a cenar, practiquen su afición favorita. Ocupen su tiempo en las cosas que realmente importan, establezcan sus prioridades, el resto es sólo arena."

Así pues, incorporad la alegría en vuestra vida como actitud para avanzar en ella, abrid las compuertas de la risa y recordad mi lema al levantaros: 

¡LASONRISAANTESQUELASBRAGAS!

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