jueves, 29 de marzo de 2012


MENSAJE DEL DÍA MUNDIAL DEL TEATRO 2012
John Malkovich
Que vuestro trabajo sea convincente y original.
Que sea profundo, conmovedor, reflexivo y único.
Que nos ayude a reflejar la cuestión de lo que significa ser humano y que dicho reflejo sea guiado por el corazón, la sinceridad, el candor y la gracia.
Que superéis la adversidad, la censura, la pobreza y el nihilismo, algo a lo que, ciertamente, muchos de vosotros estaréis obligados a afrontar.
Que seáis bendecidos con el talento y el rigor necesarios para enseñarnos cómo late el corazón humano en toda su complejidad, así como con la humildad y curiosidad necesarias para hacer de ello la obra de vuestra vida.
Y que sea lo mejor de vosotros –ya que será lo mejor de vosotros, y aun así, se dará sólo en los momentos más singulares y breves– lo que consiga enmarcar esa que es la pregunta más básica de todas: “¿Cómo vivimos?”. ¡Buena Suerte!”.
En estos días turbulentos para la sociedad en general y para el teatro en particular he leído multitud de opiniones sobre el estado del teatro en nuestra sociedad en crisis y, entre todas ellas, me voy a quedar con la frase de John Malkovich: "que superéis la adversidad, la censura, la pobreza y el nihilismo". 
Coindido con Malkovich completamente, ¿por qué? Pues porque creo que, de alguna manera, forma parte de la vida del actor. Por suerte o por desgracia, los actores hemos sido siempre parte de uno de los estamentos más vilipendiados de las sociedades pasadas y esa herencia forma parte, nos guste o no, del "equipaje" del actor. Como vemos en el Catálogo Real de España, eran muchas las compañías que, durante los siglos XVI y XVII, andaban a tumbos por la península en sus desvencijados carromatos. Representaban obras de Juan del Encina, Gil Vicente, Lucas Fernández, Lope de Rueda, Juan de la Cueva, etc. Y era tanto su éxito, que el propio Nebrija hablaba del placer que le producía escuchar los versos en boca de los actores; un placer mucho mayor que el de su lectura. Las gentes más rudas y primarias, los campesinos analfabetos y los villanos menos letrados acudían con igual entusiasmo que los ciudadanos cultos a las funciones teatrales de calles y plazuelas, lugares y villas.
Y tal vez sea el momento de recuperar ese espíritu de antaño. Hacer de tripas corazón y llevar el teatro a la calle, acercárselo a las gentes de a pie, a los que menos posibilidad de acceso tengan al teatro y recuperar en parte la ilusión y la dignidad de un oficio que pretenden quitarnos desde los estamentos oficiales. Mirad el ejemplo de Leo Bassi en Santiago de Compostela: el alcalde Conde Roa le censura su actuación prevista en abril en Santiago añadiendo que "le repugna", y el gran maestro Leo Bassi, hace de su capa un sayo y consigue una actuación en el auditorio de la Facultad de Ciencias de la Comunicación, aprovechando la ocasión para hacer de este incidente un sketch tal y como el propio Bassi cuenta a Dioivo ¿No es genial?


En una entrevista con Federico García Lorca , que se publicó en 1931 y que ha recuperado recientemente el Centro de Documentación Teatral , éste le comentó a Juan Alfarache: "Yo siempre haré el teatro que me guste, el que siento; y lo haré como me dé la gana". (Ver entrevista íntegra: "Federico García Lorca o la simpatía" ).
Esa es mi propuesta y mi reflexión. ¿Estáis dispuestos a ello?

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